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Por que soy Bautista Reformado. 11. Federalismo II

Federalismo. Segunda parte 
B. Pacto de Obras
Cuando Dios creó el universo lo hizo pensando en el bien del hombre. A él le dio tres ordenanzas: el día de reposo, el trabajo, y el matrimonio. Y con Adán Dios hizo un pacto inicial de obras. 
Adán siendo perfecto, sin necesidad de ser redimido, pero mutable, es decir, con la capacidad de pecar, estaba en un pacto de obras (méritos) en donde se le exigía cuidar del huerto y no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal. Además, él sería la cabeza federal o el representante de toda su descendencia, es decir, de toda la raza humana.
Si Adán obedecía hubiera ganado la vida eterna para él y esta descendencia que él representaba, pero si desobedecía lo haría bajo pena de muerte para él y sus representados (Génesis 2: 7-17). 
Y lo que Génesis 2 y 3 nos muestran es que Adán falló y rompió ese pacto inicial. El hombre desobedeció y la maldición del pacto vino sobre él y su posteridad, y como afirma Pablo en Romanos 5: 12, “así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.” [90] Esta es la doctrina del pecado original; es la realidad de que por causa de nuestra relación con Adán todos los hombres nacemos bajo el pacto de obras y bajo su condenación. Como dijo el profeta Oseas,
Más ellos, cual Adán, traspasaron el pacto; allí prevaricaron contra mí.” [91]
Cada persona que nace, por su relación con Adán, es un pecador, un criminal, pues en él ha violado en pacto de obras. Por lo tanto, cada hombre está aún, por nacimiento, o como dice Pablo, “por naturaleza,[92] bajo las obligaciones y maldiciones del mismo. 
El hombre, ahora, estaba en la necesidad de un Salvador, de otro que le sirviera de representante.
C. Pacto de Gracia
El pacto de gracia es el desarrollo histórico o temporal del pacto de la redención. 
A diferencia de los paidobautistas, como vimos antes, nuestra teología federal ve este pacto de gracia desarrollándose en el tiempo por medio de diferentes pactos, distintos entre sí, pero que juntos van revelando progresivamente el trato de Dios con pecadores, preparando el camino para el cumplimiento del pacto de gracia en el Nuevo Pacto. 

Nuestra confesión dice,
Este pacto se revela en el evangelio; en primer lugar a Adán en la promesa de salvación a través de la simiente de la mujer, y luego mediante pasos adicionales hasta completarse su plena revelación en el Nuevo Testamento...[93]
Estos diferentes pactos en el Antiguo Testamento, entonces, no son diferentes administraciones del mismo pacto de gracia -ciertamente hay gracia de parte de Dios involucrados en cada uno de ellos- sino que son diferentes arreglos que son revelados progresivamente con el fin de servir como sombras hasta el cumplimiento y establecimiento del pacto de gracia en el Nuevo Pacto. 
La unidad que vemos en ellos es que cada uno de estos diferentes pactos forman parte de la revelación del plan divino de redención.
Ahora, este pacto de gracia fue hecho, entonces, entre Dios y Cristo y los elegidos en Él. 
Pero, ¿cuáles son, entonces, estos diferentes pactos que revelaban progresivamente este pacto de gracia?
1. El Pacto Adánico o Edénico
Luego de la caída de Adán en Génesis 3, Dios va a su encuentro con el fin de confrontarlos por su desobediencia.
Lo primero que hace Dios es maldecir a la serpiente, pero en medio de esa maldición, Dios manifiesta Su gracia hacia Adán y Eva. Y lo hace prometiendo una simiente, un varón que vendría de la mujer, que destruiría a la serpiente, pero que experimentaría el castigo en sustitución de Adán y Eva. Dios, predicando el evangelio en Edén dijo,
Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.” [94]
Y luego Dios sacrifica un animal para expiar el pecado de Adán y Eva. Pero, ¿qué requería Dios del hombre en este pacto? Fe. Adán y Eva debían creer esa promesa hecha por Dios de un Redentor que saldría de la mujer. 
Esta simiente prometida es, entonces, el inicio en esa progresión del pacto de gracia. 
2. Pacto Noéico
El libro de Génesis nos muestra que muy pronto la humanidad se iba haciendo cada vez más perversa. Génesis 6:5 dice, “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.” 
Dios, entonces, hace un pacto con Noé en el cual Dios promete, después de haber matado a toda la humanidad por causa de su maldad, no exterminar más a la humanidad ni al resto de la creación por medio de un diluvio. [95] 
¿Cuál era el fin de este pacto? La promesa de Dios a Noé era que Él mantendría un mundo estable, con el propósito de que el plan de redención progresara, teniendo un lugar para la venida de la simiente prometida a Adán y Eva. 
¿Qué se requería de Noé? Fe. Él debía creer esta promesa de Dios para ser salvo.
¿Cuál fue el signo del pacto? El arco iris. Ese signo en el cielo nos recuerda a los creyentes la fidelidad de Dios de que Él no volvió a destruir el mundo a pesar de nuestra creciente maldad, con el fin de traer a Cristo para cumplir el pacto eterno de redención. 
El mundo, entonces, permanecerá hasta la consumación del Nuevo Pacto en nuestra glorificación y en la de toda la creación. 
3. Pacto Abrahámico
Progresando en la revelación del pacto de gracia Dios hace otro pacto. Este no es el pacto de gracia, como creen los presbiterianos, sino un pacto dentro de la progresión del pacto de Gracia. 
Dios, con el fin de salvar pecadores por gracia, le prometió a Adán y a Eva una simiente, luego prometió mantener un mundo estable para que esa simiente pudiera venir, y más adelante en la historia de la humanidad llamó a un pagano, un idólatra cananeo llamado Abram, y hace un pacto con él [96] en donde le prometió por gracia:
a.      Una gran descendencia (Génesis 17:2-6)
b.     Un linaje de reyes (Génesis 17:6)
c.      Ser su Dios y el de su descendencia (Génesis 17:7)
d.      La tierra de Canaán (Génesis 17:8)
e.      Una simiente particular por medio de la cual Dios bendeciría a las naciones (Gálatas 3:16)
¿Cuál era el signo de ese pacto? La circuncisión. ¿Qué requería Dios de Abraham? Fe. Abraham debía creer en esa promesa divina para apropiarse de las bendiciones del pacto. 
Y lo que la Biblia nos muestra es que Abraham creyó las promesas del evangelio encontradas en ese pacto. Y él como cabeza federal de su descendencia por su fe obtuvo las bendiciones prometidas por Dios para ellos. 
Sin embargo, el Nuevo Testamento nos muestra que los santos del Antiguo Testamento, incluyendo a Abraham, entendieron esas promesas como algo mucho mayor. 
Hebreos 11: 10 afirma que la promesa de una tierra a Abraham era algo mucho mayor que la tierra de Palestina. Abraham no esperaba una tierra física, sino, “la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.” 
Además, Gálatas 3: 8 nos muestra que la promesa que creyó Abraham fue el evangelio. Él creyó, afirma Pablo, las buenas nuevas de la justificación por medio de la fe en Jesucristo, esa simiente particular que descendería de él, de su pueblo, para bendecir a las naciones. 
4. Pacto Mosaico
El próximo paso en la progresión de la revelación del pacto de Gracia ocurre en el monte Sinaí, en donde Dios le da Su ley al pueblo de Israel con el fin de establecerlo como una nación de la cual provendría el Mesías prometido. Fue, entonces, un pacto hecho por Dios con Israel. 
Esta ley incluía más que los diez mandamientos. Lo que Dios le da a Moisés es una lista completa de preceptos y prohibiciones que formaban las leyes morales, ceremoniales, y civiles de Israel, y que encontramos en el Pentateuco. 
Este es un pacto basado en el principio de mérito. Es decir, el pueblo de Israel debía obedecer para obtener las bendiciones, y si desobedecían serían castigados. Y lo que Dios le prometía al pueblo era mantenerse en la tierra prometida si obedecían, de lo contrario serían expulsados. 
Israel, entonces, estaba bajo el pacto Abrahámico y el pacto Mosaico al mismo tiempo. Es decir, un principio de mérito es impuesto sobre un principio de gracia. 
¿Cómo funciona esto? Bueno, un israelita descendiente de Abraham tenía el derecho a la tierra prometida y a ser gobernado por su rey, pero por estar en el pacto Mosaico, ese israelita debía merecerlo; es decir, debía obedecer para mantenerse en la tierra. Israel estaba en la tierra por gracia, pero se mantenían ahí por obras. 
¿No es esto lo que vemos en el libro de los jueces? Ellos desobedecían y eran derrotados o sometidos por sus enemigos. Pero, cuando obedecían eran libertados de sus opresores y se mantenían en la tierra, gozando de las bendiciones del pacto Abrahámico. 
Sin embargo, Dios también hizo este pacto con el fin de restringir la maldad, condenar el pecado, y mostrarle a Israel su necesidad de la fe de Abraham en la promesa específica de Dios, que estaba tipificada en el sistema sacrificial dado a Israel.
Este pacto serviría, además, para mantener una simiente o un remanente con una religión pura hasta la venida del Mesías prometido. 
Sin embargo, fue por causa de la violación por parte de Israel del pacto Mosaico que fueron expulsados y estuvieron en cautiverio, sino que también fue la razón por la cual como nación fueron destruidos por Dios en el año 70 d.C. Ellos rechazaron al Mesías y Dios los rechazó a ellos. 
5. Pacto Davídico
De nuevo, este es un paso más en la progresión de la revelación del pacto de gracia. Dios prometió un varón que vendría de la mujer; un mundo estable para que se encarnara; escogió a un hombre para ser el padre de una nación de la cual vendría el Mesías, pero le prometió también un linaje de reyes.
Por medio de Jacob, Dios le reveló a Su pueblo que ese linaje de reyes vendría de Judá,
No será quitado el cetro de Judá, ni el legislador de entre sus pies, hasta que venga Siloh; y a Él se congregarán los pueblos.” 125
Y este pacto es el cumplimiento de esa promesa hecha año atrás a Abraham. Y se trata de un pacto hecho por Dios con David –él es la cabeza federal de este pacto- en el cual Dios le promete establecer su reino y el de su descendencia para siempre. 126
Sin embargo, este pacto enfocaba el pacto Mosaico sobre una persona: el rey. Es decir, las bendiciones o maldiciones de Dios vendrían al pueblo de Israel dependiendo de la obediencia o desobediencia del rey de Israel. 
Esto lo vemos, por ejemplo, cuando David censa al pueblo, pecando contra       
(125  Génesis 49: 10
126  2 Samuel 7: 1-29; 1 Crónicas 17: 1-27)

Jehová. Y Dios castiga el pecado del rey enviando una peste y matando a setenta mil hombres. David le pregunta a Dios, 
¿no soy yo el que hizo contar el pueblo? Yo mismo soy el que pequé, y ciertamente he hecho mal; pero estas ovejas, ¿qué han hecho? Jehová Dios mío, sea ahora tu mano contra mí, y contra la casa de mi padre, y no venga la peste sobre tu pueblo.” 127
Dios le ordena a David construirle un altar y por su obediencia Dios se vuelve de su castigo y retira la peste de mortandad que estaba afectando a
Israel. 
Es por eso que leemos también en los cronistas, “Y tal rey hizo lo bueno o lo malo delante de los ojos de Jehová...” 
Israel o Judá eran bendecidos o castigados dependiendo de la obediencia o desobediencia de su rey. A él se le requería cuidad la tierra de los paganos, proteger la adoración a Dios. Pero, si no lo hacían eran castigados, él y su pueblo. 
Ahora, ¿cuál era el fin de este pacto? ¿Cuál era el fin del rey como cabeza federal de su pueblo? Bueno, que viendo Israel la maldad de sus reyes y el castigo que recibían de parte de Dios por ello, esperaran un rey que los gobernara en justicia, que los libertara de sus enemigos y que cumpliera la ley perfectamente, pues sólo así no serían castigados.
El pacto Davídico, como progresión en la revelación del pacto de gracia, volvía los ojos del pueblo hacia el futuro. Ellos habían sido entregados por Dios al cautiverio por causa del pecado de sus reyes, sus representantes. Luego, volvieron a su tierra, pero ya no eran gobernados por uno de sus reyes, sino que eran gobernados por paganos. ¡Todo estaba mal! ¿Qué había pasado con el pacto hecho por Dios a David? ¿Dónde estaba ese rey que se sentaría en el trono de David por la eternidad? 

(127 1 Crónicas 21: 17)
 
Bueno, es esa misma progresión la que nos lleva a responder esa pregunta. ¿Cómo? Por la revelación del cumplimiento del pacto de gracia en el Nuevo Pacto.
6. Nuevo Pacto
Este es el cumplimiento del pacto de Gracia que había sido revelado progresivamente por Dios por medio de otros pactos. Se trata de un pacto hecho por Dios con Cristo y los elegidos en Él. Y, además, se trata de un nuevo pacto, es decir, de uno diferente en sustancia y circunstancia. 
Dios, por medio del profeta Jeremías le dijo lo siguiente a Su pueblo,
31 He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. 32 No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. 33 Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. 34 Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.
Por causa del pecado de Su pueblo, Dios había invalidado el pacto hecho con ellos previamente. Y en ese momento estaba profetizando acerca de un pacto diferente, un nuevo pacto, como lo deja claro el autor de los hebreos cuando dice,
Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.” [97]
Y este pacto consistía en darle a Su pueblo Su ley en sus corazones; ser su Dios; cada uno le conocería personalmente a Él; y todos serán perdonados por Dios. 
Y ese pacto fue firmado con la sangre de Cristo en favor de Su pueblo, los elegidos en Él. El Señor Jesús dijo, “porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.” 
Pero, debemos entender que se trataba de un pacto nuevo, distinto al antiguo. Y aquí es donde nuestro federalismo ve una discontinuidad con el pacto antiguo. 
El Nuevo Pacto era nuevo, primero, en su administración. Es decir, la manera en la que Dios se relacionaría con los hombres no tenía que ver con sus padres o con lo que ellos hicieran (Jeremías 31: 29). Cada uno sería tratado por Dios individualmente.
Segundo, era nuevo en el sentido de que la ley de Dios estaría escrita en los corazones de todos los miembros de ese pacto, es decir, de todos los elegidos en Cristo. Y esto se refiere a la regeneración.
A pesar de que en el Antiguo Pacto esta era una realidad de algunos, no lo era para todos los que pertenecían a Israel. Es decir, a pesar de que Dios había hecho un pacto con Israel, no todos dentro de ese pacto eran regenerados. 
Pues, bien, Dios prometió que en ese nuevo pacto todos sus miembros serían regenerados. 
Tercero, este Nuevo Pacto es inquebrantable. Es decir, bajo el pacto antiguo los miembros del pacto podían apostatar, sin embargo, en el Nuevo Pacto Dios promete que los miembros verdaderos tendrán Su temor en sus corazones “para que no se aparten de Mí.” [98]
Cuarto, todos los miembros de ese pacto conocerán de manera salvadora a
Dios. Y esto fue lo que dijo Jesús cuando en su oración sacerdotal dijo, “como le has dado potestad sobre toda carne para que dé vida eterna a todos los que le diste. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.[99]
La segunda persona de la Trinidad, entonces, se encarnó, habitó entre los hombres naciendo como judío, sujeto al pacto Abrahámico, Mosaico y Davídico, y mantuvo la ley de Dios a la perfección, tanto externa como internamente, con el fin de representar a Su pueblo como cabeza federal para darles vida eterna. 
En Su sangre compró un reino y un pueblo para ese reino. Y por Su sangre el Padre aceptó Su sacrificio, lo resucitó y lo exaltó a Su diestra, como fue acordado en el Salmo 2 en el Pacto de la redención. 
Este pacto, entonces, es el cumplimiento del pacto de Gracia en toda su extensión, pero que había sido revelado progresivamente por medio de promesas en el Antiguo Testamento. 
Y al ser Cristo la cabeza federal del Nuevo Pacto, entonces sólo aquellos que fueron representados por Él pertenecen a ese pacto. ¿Y quiénes son aquellos a los que Cristo representó? Bueno, los elegidos; los que el Padre le entregó en Sus manos para dar Su vida por ellos. 
Por lo tanto, sólo los creyentes pertenecen al Nuevo Pacto, pues sólo ellos tienen a Cristo como su cabeza federal. Y para esto se requiere estar unidos a Él por medio de la fe. [100] Por lo tanto, sólo por medio de la fe puede ser una persona receptora de las bendiciones que vienen adjuntadas al Nuevo Pacto (justificación, santificación, adopción, reconciliación, etc.). 
¿Deben ser los hijos de creyentes considerados miembros de la Iglesia, la comunidad del Nuevo Pacto? El argumento paidobautista es que, así como en el pacto Abrahámico se incluían a los hijos de los descendientes de Abraham dentro del pacto, entonces así mismo deben ser incluidos los hijos de los creyentes.
En el Nuevo Pacto no se entra por un nacimiento físico, ni por tener padres creyentes, pues como afirmó Jeremías, cada persona será tratada por Dios individualmente, es decir, que la fe de los padres no ayudará en nada. Al Nuevo Pacto se entra por nacimiento espiritual, es decir, habiendo nacido de nuevo por medio de la fe. 
Es la regeneración y la justificación lo que hace a una persona un miembro del Nuevo Pacto. Es por eso que consideramos un grave pecado de nuestros hermanos presbiterianos incluir dentro de la membresía de la Iglesia a los hijos de creyentes, pues la Iglesia es el pueblo de Dios, el cual Él compró con Su sangre, a los que pertenecen todas las promesas y bendiciones de Dios.
Conclusión
Todos los hombres, entonces, nacen bajo el pacto de obras y por lo tanto al tener como su representante a Adán, todos están bajo pecado, condenados y por naturaleza son hijos de ira. 
Sin embargo, en Cristo entra un pecador en el Nuevo Pacto, pues lo tiene a Él como su cabeza federal, Aquel que cumplió perfectamente el pacto de obras, y así se apropia de las bendiciones de Dios, incluyendo la tierra prometida a Abraham –no Palestina, sino los nuevos cielos y nueva tierra, la ciudad cuyo arquitecto es Dios. 
Son, entonces, solamente los creyentes del Antiguo y del Nuevo testamento, el verdadero pueblo de Dios. Ni los judíos lo son por descendencia física, como lo quieren hacer pensar los dispensacionalistas, ni los hijos de creyentes, como lo enseñan los presbiterianos. Sólo los creyentes son miembros del Nuevo Pacto al tener a Cristo como su representante federal por medio de la fe.
Escribió Jeffrey D. Johnson,
Solamente Cristo es el cumplimiento de la simiente prometida de la mujer. Solamente Cristo es el cumplimiento del pacto Abrahámico. Solamente Cristo es el cumplimiento del pacto Mosaico. Solamente Cristo es el cumplimiento del pacto Davídico. Por lo tanto, sólo estando espiritualmente unido a Cristo por fe puede una persona (judío, Gentil, o hijo de ambos) convertirse en un verdadero miembro de la familia espiritual de Abraham, un heredero de la herencia prometida, y por lo tanto miembro del pacto de gracia.[101]
Soy, entonces, Bautista Reformado, por la consistencia bíblica que existe en el federalismo que profesamos.


Autor: Pastor Eduardo Flores
Edición: Evangelio primitivo





Notas:
[90] Todo este pasaje en Romanos 5: 12-21 nos muestran el federalismo de Adán en contra del federalismo de Cristo. Al haber sido Adán el representante de toda su descendencia, todos los hombres mueren, pues todos venimos de él. Pero, al ser Cristo el representante de su descendencia, los creyentes, entonces, en Él todos viven.
[91] Oseas 6:7. La Biblia de las Américas traduce el pasaje así, “Pero ellos, como Adán, han transgredido el pacto; allí me han traicionado.”
[92] Efesios 2:3
[93] Confesión Bautista de Londres de 1689. Párrafo 7.3
[94] Génesis 3:15
[95] Génesis 6:18 y Génesis 9: 1-17
[96] Génesis 17: 1-14
[97] Hebreos 8:13. Literalmente dice, “ha hecho obsoleto al primero...
[98] Jeremías 32:40
[99] Juan 17:2-3
[100] Romanos 5: 12-21

[101] Jeffrey D. Johnson. The Kingdom of God. A Baptist Expression of Covenant and Biblical Theology. Página 30 

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