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Significado de Expiación, redención, justificación, propiciación, remisión, sustitución



La obra sacrificial hecha en la cruz por nuestro Señor Jesucristo, es descrita por doctrinas cuyos nombres, en algunos casos,  parecieran tener el mismo significado y en otros son confusos y para muchos son nombres desconocidos. Estamos hablando de los términos: REDENCIÓN, EXPIACIÓN, REMISIÓN, JUSTIFICACIÓN, PROPICIACIÓN, SUSTITUCIÓN, IMPUTACIÓN Y RECONCILIACIÓN.

El objetivo de este artículo es explicar el significado de cada una de estas palabras que son también doctrinas.   

REDENCIÓN

La palabra redimir significa “comprar.” El término era usado específicamente con referencia al pago de la libertad de un esclavo. La aplicación de este término a la muerte de Cristo en la cruz, significa exactamente eso. Si somos “redimidos,” entonces nuestra condición previa era la de esclavitud. Dios ha pagado nuestra libertad, y ya no estamos bajo la esclavitud del pecado o de la ley del Antiguo Testamento. Este uso metafórico de la redención es la enseñanza de Gálatas 3:13; y 4:5.

En la antigüedad, el pueblo de Israel estaba muy habituado a considerar los rescates a través de la redención. Recordemos el clásico pasaje de Rut:

 “Después le dijo Noemí: Nuestro pariente es aquel varón, y uno de los que pueden redimirnos” Rut 2:20 

El concepto de redención enmarcado en ese tiempo solo en leyes sociales, venía a ser parte de las sombras o figuras que hablaban de lo que siglos más tarde Cristo realizaría en la cruz.

Era necesario que alguien pagara el precio de nuestro rescate. Era imprescindible que alguien comprara nuestra libertad, y eso es lo que hizo nuestro amado Señor y Salvador Jesucristo.

“Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” 1 Corintios 6:20.

Todos necesitan de la redención. Nuestra condición natural fue caracterizada por la culpa: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.” La redención de Cristo nos ha librado de la culpa: “siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.”

Los beneficios de la redención incluyen la vida eterna (Apocalipsis 5:9-10), el perdón de los pecados (Efesios 1:7), la justificación (Romanos 5:17), libertad de la maldición de la ley (Gálatas 3:13), adopción dentro de la familia de Dios (Gálatas 4:5), liberación de la esclavitud del pecado (Tito 2:14; 1 Pedro 1:14-18), paz con Dios (Colosenses 1:18-20), y la morada permanente del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19-20). Entonces, ser redimido es ser perdonado, santificado, justificado, bendecido, liberado, adoptado y reconciliado. (Ver también Salmos 130:7-8; Lucas 2:38; y Hechos 20:28).

La palabra rescate está relacionada con el concepto cristiano de la redención. Jesús pagó el precio de nuestra liberación del pecado (Mateo 20:28; 1 Timoteo 2:6). Su muerte fue ofrecida a cambio de nuestra vida. De hecho, la Escritura dice claramente que la redención sólo es posible “a través de Su sangre” (esto es, por Su muerte), Colosenses 1:14.

Las calles del cielo estarán llenas de ex-cautivos, quienes por ningún mérito propio, se encuentran perdonados y libres. Los esclavos del pecado son convertidos en santos. No sorprende que cantan un nuevo cántico—un cántico de alabanza al Redentor que fue inmolado (Apocalipsis 5:9). Nosotros éramos esclavos del pecado, condenados a una separación eterna de Dios. Jesús pagó el precio para redimirnos, resultando en nuestra liberación de la esclavitud del pecado, y nuestro rescate de las consecuencias eternas de ese pecado.

 REMISIÓN

“Porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” Mateo 26:28 

La palabra remisión denota el acto de devolver algo a su origen o de enviarlo lejos.

En el antiguo testamento, aparece el texto de levítico 16, en donde se ordena para el día de la expiación apartar un macho cabrío que cargaría los pecados para “remitirlos” a Azazel. Si bien, no existe mucha claridad en el origen de la palabra Azazel, se concluye que su significado es algo así como una entidad demoníaca ubicada en lugares desérticos, destino al cual era enviado aquel macho cabrío.

“Y pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto” Levítico 16:21 

El acto de remisión, en otras palabras, significa tomar la carga del pecado y llevarla lejos. Como ya hemos señalado, en el antiguo pacto, la imagen misma de las cosas y la obra de Cristo en la cruz, aparecen en medio de figuras y símbolos, pero en el nuevo pacto todo es hecho manifiesto con la muerte de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

El Señor Jesucristo fue el cordero de Dios destinado, desde antes de todas las cosas, para derramar su sangre para remisión de nuestros pecados. Es importante precisar que no solo la sangre es lo indispensable, sino que el derramamiento de la misma.

“Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión” Hebreos 9:22 

Toda persona que cree de todo corazón en el sacrificio de Cristo como único medio para alcanzar salvación, obtiene esta bendita remisión. De esta manera, todos nuestros pecados han sido enviados lejos de la presencia de Dios. Sin remisión, ningún hombre puede ser salvo.

JUSTIFICACIÓN

En pocas palabras, justificar es declarar justo; hacerlo a uno justo con Dios. La justificación, es Dios declarando justos a aquellos que reciben a Cristo, basándose en que la justicia de Cristo es imputada a la cuenta de aquellos que lo reciben. Aunque la justificación, como un principio, se encuentra a través de toda la Escritura, el pasaje más importante que describe la justificación en relación a los creyentes está en romanos 3:21-26:

“Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en Él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que Él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe en Jesús."

Somos justificados, declarados justos, al momento de nuestra salvación. La justificación no nos hace justos, sino más bien declara nuestra justificación. Nuestra justificación procede de poner nuestra fe en la obra terminada de Jesucristo. Su sacrificio cubre nuestro pecado, permitiendo que a través de él, Dios nos vea como perfectos y sin culpa. Porque como creyentes estamos en Cristo, Dios ve la propia justicia de Cristo cuando nos mira. Esto satisface las demandas de perfección de Dios; así que de esta manera, Él nos declara justos – Él nos justifica.

Romanos 5:18-19 lo resume bien: “Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.”

¿Por qué es tan importante este pronunciamiento de justificación? “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” (Romanos 5:1). Es por la justificación que la paz de Dios puede reinar en nuestras vidas. Es por el HECHO de la justificación, que los creyentes pueden tener la seguridad de la salvación. Es el HECHO de la justificación, lo que permite que Dios inicie el proceso de santificación – el proceso de Dios haciendo realidad en nosotros, lo que ya somos posicionalmente.

SUSTITUCIÓN E IMPUTACIÓN

Cuando hablamos del sacrificio de Jesucristo en la cruz, conviene pensar en el significado de lo que realizó en ese lugar, la sustitución y la imputación. Cuando Jesús sustituyó se implica que representó a alguien. Por ejemplo, Jesucristo murió sustituyendo a otros que debían padecer el pago por su pecado. Es por eso que decimos que Jesús sufrió una muerte vicaria, sustitutiva. El castigo de nuestra paz recayó sobre él (Isaías 53:5), Cristo es nuestra pascua (1 Corintios 5:7), cuyo cuerpo partido fue por sus discípulos (Lucas 22:19-20) (y por los que habrían de creer por la palabra de ellos -Juan 17:20), no partido por el mundo en general por el cual no rogó (Juan 17:9). Sabemos que Dios no escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros (no dice por todo el mundo); quien alejó el pecado de nosotros por su propio sacrificio. Cristo me amó y se entregó a sí mismo por  (Gálatas 2:20). Son abundantes los textos que refieren a una sustitución por nosotros (su pueblo) y dejan por fuera a los que nunca han sido ni serán sus ovejas.

Hay quienes procuran objetar la multitud de referencias a la sustitución particular de Jesús en la cruz y colocan un verso extraído de la Biblia que aparenta sugerir lo opuesto. El mismo es la propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero (1 Juan 2:2). Acá sucede lo mismo que con la palabra mundo o con el término todos. Solamente el contexto es capaz de aclarar su aparición. Empecemos por decir que si el verso citado de Juan habla de la expiación universal, entonces todos los demás textos están equivocados. Habría que corregirlos o tal vez rechazarlos, en especial aquel que el propio Juan también escribió: que Jesús no rogó por el mundo sino solamente por los que el Padre le había dado.

Sin embargo, eso no frenaría la contradicción y sabemos por principio general que la Escritura no se contradice. Entonces, Juan no está hablando de expiación universal, sino colectiva. Recordemos que así como Pablo fue el apóstol de los gentiles, Juan lo era de los judíos. Su iglesia estaba compuesta fundamentalmente de judíos conversos, por lo cual escribió que el sacrificio de Jesucristo se hizo no solamente en favor del pueblo judío escogido (pues no todos ellos fueron creyentes), sino que además se incluía al resto del mundo (el mundo gentil creyente).

Sabemos que era natural para los judíos hablar separadamente de ellos en relación con el resto del mundo; esta costumbre también la tenía el pueblo romano, quien se daba el lujo de tener dos tipos de Derecho: el ius romano y el ius gentium (el Derecho romano y el Derecho de Gentes). Con uno de ellos juzgaban a sus ciudadanos, pero con el otro al resto de las gentes, al resto del mundo. Juan el Bautista bautizaba con agua, y toda Jerusalén se iba tras él a bautizarse, pero allí no acudieron Herodes ni su familia, ni la mayoría de los fariseos o saduceos, ni muchos más; sin embargo, la expresión bíblica habla de esa manera, de un todo colectivo, no distributivo. Hoy día nosotros decimos frases semejantes, como que la ciudad llenó todo el estadio de fútbol, o toda la plaza de toros. Son expresiones comunes que no denotan jamás la literalidad de sus palabras. La noticia la sabe todo el mundo es una frase hiperbólica, exagerada, con el fin de llamar la atención.
Por lo expresado espero quede claro que en la Biblia aparecen tropos y figuras del lenguaje que no siempre denotan la literalidad de sus palabras, sino que connotan de acuerdo al contexto en que aparecen.  La imputación hace referencia a un cargo legal a la cuenta de otro. De esta forma, la Biblia nos asegura que todos los pecados de algunos pecadores, junto con su culpa y condena, fueron cargados (imputados) a la cuenta de Jesucristo. Jesucristo fue hecho pecado por nosotros (Gálatas 3:13), Cristo cargó el pecado de muchos (Hebreos 9:28), cargó en su cuerpo nuestros pecados en la cruz (1 Pedro 2:24) y llevó el pecado de muchos (Isaías 53:4-12).

EXPIACIÓN

I.              SIGNIFICADO
En el sentido literal de la palabra "expiar" o hacer expiación quiere decir cubrir.
Creemos que Jesucristo, por su obediencia personal, honró la ley divina, y que por su muerte hizo una expiación completa y vicaria por nuestros pecados; creemos que su expiación consistió, no en dejarnos un ejemplo con su muerte como un mártir, sino que fue la sustitución voluntaria de Él mismo en el lugar del pecador, el justo muriendo por el injusto". Así dice la confesión de fe de muestra iglesia.

1. Así es usada la palabra muchas veces en el Antiguo Testamento en relación con los sacrificios de animales que ofrecieron. Ejemplo: (Lev. 16:5, 15).

2. Aquellos sacrificios no podían quitar el pecado. (Heb. 10:4). La sangre de los animales cubrían los pecados de los Israelitas delante de Dios hasta que vino Cristo a quitarlos por su muerte en la cruz. Dios aceptaba aquellos sacrificios como una muestra de fe en el Salvador que iba a venir.

3. El diccionario dice que expiar significa: "Borrar las culpas mediante un sacrificio". "Sufrir el delincuente la pena impuesta".

4. En círculos cristianos "expiar" o "expiación" es un término que ha llegado a cubrir toda la obra sacrificadora y redentora de Cristo. Cristo hizo expiación por nuestros pecados por medio del sacrificio de sí mismo en la cruz. Su muerte dejó satisfecho la justicia de Dios y lo permitió perdonar a los pecadores arrepentidos. Ya hemos estudiado acerca de la obra de Cristo en las lecciones acerca de Su muerte y resurrección. En esta lección pensaremos en el hecho de que Él fue nuestro sustituto voluntario, "el justo muriendo por el injusto".

II. La Necesidad de la Expiación.

A. Toda persona ha pecado contra Dios. (Ecl. 7:20; Rom. 5:12).
B. Por el pecado está condenado. (Rom. 3:23; 6:23: Apoc. 21:8). Dios es Santo y Justo y no puede dejar pasar por alto el pecado. El pecado tiene que ser castigado.
C. La única manera de escapar las terribles consecuencias del pecado es por medio de un sustituto que satisface las demandas de la justicia divina.
D. De eso se trata la expiación. Cristo es nuestro sustituto. Él es justo y murió por nosotros los injustos.

III. El Plan de Dios para la Expiación.

A. El plan profetizado. Los animales sacrificados en el Antiguo Testamento fueron símbolos de Cristo muriendo por nuestros pecados. Señalaban hacia el Salvador venidero. También en Isa. 53:10 tenemos una clara profecía: "...cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado".
B. Versículos que nos explican cómo fue realizado el plan:
1. Rom. 5:6-8.
2. II Cor. 5:21.
3. I Pedro 2:24 y 3:18.
En el uso común o vulgar de la palabra expiar, se oye del chivo expiatorio. Es cuando alguien, culpable de delito, echa la culpa a otro y queda libre. Pues, es precisamente lo que hace el pecador cuando acepta al Señor Jesucristo como Salvador. Él lleva la culpabilidad del pecador, y el pecador es libre, es considerado justo delante de Dios. (II Cor. 5:21).

PROPICIACIÓN

La palabra propiciación lleva la idea básica de aplacar o satisfacer, concretamente hacia Dios. La propiciación es un acto entre dos partes que implica apaciguar la ira de alguien que está ofendido y ser reconciliado con él.

“Y él es la propiciación por nuestros pecados...” 1 Juan 2:2

La palabra propiciación alude no solo a la acción de cubrir nuestros pecados, sino que trata con la tarea de aplacar la ira santa de Dios.

Bien sabemos que Dios es santo y que no tolera el pecado porque le enciende el fuego de su furor. Mucho se habla de que Dios es amor, pero poco se menciona que él es fuego consumidor. Dios ama a los pecadores, pero aborrece nuestro pecado.

El apóstol Pablo nos presenta con mucha claridad lo que Dios siente frente al pecado:

“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad” Romanos 1:18

La necesidad de apaciguar a Dios, es algo que muchas religiones tienen en común. En las antiguas religiones paganas, así como en muchas religiones hoy en día, se enseña la idea de que el hombre aplaca a Dios ofreciendo varias ofrendas o haciendo sacrificios. Sin embargo, la Biblia enseña que Dios mismo ha proporcionado el único medio por el cual se puede aplacar Su ira y el hombre pecador puede reconciliarse con Él. En el Nuevo Testamento, el acto de la propiciación siempre se refiere a la obra de Dios y no a los sacrificios o a las ofrendas dadas por el hombre. La razón de esto es que el hombre es totalmente incapaz de satisfacer la justicia de Dios, excepto que pase la eternidad en el infierno. No hay ningún servicio, sacrificio o regalo que el hombre puede ofrecer para apaciguar la santa ira de Dios, o satisfacer Su perfecta justicia. La única satisfacción o propiciación, que pueda ser aceptable a Dios y que pueda reconciliar al hombre con Él, tenía que ser hecha por Dios. Por esta razón, Dios Hijo, Jesucristo, vino al mundo en forma de hombre para ser el sacrificio perfecto por el pecado e hizo propiciación o "expiación por los pecados del pueblo" (Hebreos 2:17).

La palabra propiciación se usa en varios versículos para explicar lo que Jesús logró a través de Su muerte en la cruz. Por ejemplo, en Romanos 3:24-25, los creyentes en Cristo han sido "justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados". Estos versículos son un punto clave en el argumento de Pablo en el libro de romanos y realmente están en el corazón del mensaje del evangelio.

En los tres primeros capítulos de Romanos, Pablo argumenta de que todos, judíos y gentiles por igual, están bajo la condenación de Dios y merecedores de Su ira (Romanos 1:18). Todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23). Todos nosotros merecemos Su ira y castigo. Dios en Su infinita gracia y misericordia ha provisto una forma para aplacar Su ira y para que podamos ser reconciliados con Él. Esto es solamente a través de la muerte sacrificial de Su Hijo Jesucristo, como el pago por nuestros pecados. Es a través de la fe en Jesucristo como el sacrificio perfecto de Dios que podemos ser reconciliados con Él. Es únicamente por causa de la muerte de Cristo en la cruz y de Su resurrección en el tercer día, que un pecador perdido que merece el infierno puede ser reconciliado con un Dios santo. La hermosa verdad del evangelio es que los cristianos son salvos de la ira de Dios y reconciliados con Él, no porque "hayamos amado a Dios, sino porque él nos amó a nosotros, y envió a su hijo en propiciación por nuestros pecados" (1 Juan 4:10).

Jesús dijo, "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre, sino por mí" (Juan 14:6). La única manera para aplacar la ira de Dios contra el hombre pecador y reconciliarnos con Dios, es a través de Jesucristo. No hay otra forma. Esta verdad se comunica también en 1 Juan 2:2: "Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo". Una parte importante de la obra salvadora de Cristo, es la liberación de la ira de Dios; la propiciación de Jesús en la cruz es lo único que puede quitar la condenación de Dios con respecto al pecado. Aquellos que rechazan a Cristo como su Salvador y se niegan a creer en Él, no tienen ninguna esperanza de salvación. Solo pueden esperar el enfrentar la ira de Dios que han acumulado para el día del juicio (Romanos 2:5). No hay ninguna otra propiciación o sacrificio que puede hacerse por sus pecados.

LA RECONCILIACIÓN.

Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundono tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación (2 Corintios 5:18-19). De nuevo un texto que puede ser escogido por los que tuercen las Escrituras, ya que se habla de la reconciliación de Jesucristo hecha por el mundo sin tomarle en cuenta sus pecados. Sin embargo, aparte de los distintos significados del vocablo mundo que ya conocemos, en el mismo enunciado encontramos la referencia final, cuando Pablo anuncia que nos encargó a nosotros (no al mundo) la palabra de la reconciliación. Porque si Cristo ya reconcilió al mundo por el cual no rogó la noche previa a su crucifixión, no tiene sentido que no le encomiende igualmente a él la palabra de la reconciliación.

Dios dibujó el esquema reconciliatorio, propuso el método de reconciliación, con pensamientos de paz y no de mal, para darnos el fin que esperamos. Pero ¿quiénes esperamos tal reconciliación? Precisamente los mismos que él amó desde la eternidad y llamó en el tiempo, los cuales predestinó para justificación y glorificación. ¿Fue Judas Iscariote reconciliado con Dios? En ninguna manera, pues la Biblia lo llama el hijo de perdición, mucho antes de que entregara al Señor y a pesar de que participaba de la compañía apostólica como uno más de ellos. Pero todo ello fue de tal forma realizado para que la Escritura se cumpliese.

Reconciliando al mundo no hace referencia a todos los individuos de la humanidad, ya que no todos ellos están en Cristo y muchos mueren siendo sus enemigos. No todos están interesados en la bendición de la no imputación de sus pecados, no todos creen en su nombre. Los que estaba reconciliando en el tiempo o en la historia son sus elegidos desde la eternidad, los mismos que representó en la cruz. De nuevo cabe acotar que muchas veces se habla del mundo en referencia a los gentiles; los gentiles son las gentes, como una referencia de personas no judías.

En Romanos 11 Pablo habla del futuro de Israel y lo contrapone con el mundo: Por el tropiezo de los israelitas vino la salvación a los gentiles, lo cual es la riqueza del mundo (fijémonos cómo el apóstol iguala el término gentiles  a mundo). De inmediato dice: a vosotros hablo, gentiles, pues el extrañamiento de ellos (los israelitas) es la reconciliación del mundo... (Romanos 11:11-15). Este es el sentido del texto, que ningún hombre es mirado como reconciliado por su ascendencia, sea judío o gentil, sino en tanto sea una nueva criatura (alguien que haya nacido de nuevo, por voluntad de Dios y no de hombre). Nos concierne entonces tanto el evangelio de la reconciliación como el ministerio de la reconciliación, por lo tanto se ha cantado la bendición de los que llevan el evangelio de la paz.

PUEDE HACER USO DE ESTE CONTENIDO SIN ANIMO DE LUCRO Y CITANDO LA PAGINA EVANGELIO PRIMITIVO COMO FUENTE.

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