Doctrinas de la Gracia

28 abr 2022

Dios también hoy es fuego consumidor



Muchas personas están dispuestas a abrazar la idea de que Dios es amor, si ellas mismas pueden definir lo que eso significa. Tal vez quieran que signifique que Dios los acepta sin importar quiénes son y lo que hacen. O que Dios está ahí para nosotros cuando lo necesitemos. Eso encaja bien en una cultura terapéutica que lo centra todo en el propio yo. Pero no encaja con la visión bíblica de Dios como trascendente y glorioso en santidad.

Hoy en día entre los cristianos, y especialmente entre los cristianos jóvenes, existe un énfasis notorio respecto al amor, la misericordia y la ternura de Jesús.

Eso es bueno, porque es Jesús quien nos ha revelado las profundidades inimaginables del amor de nuestro Padre y quien, por nuestra redención, sufrió por voluntad propia todos los tormentos de ser un humano, e inclusive, los del infierno. Nuestra deuda para con Él, sólo la podemos pagar al rendirnos nosotros mismos y nuestras vidas ante Sus propósitos santos.

A la vez, debemos percatarnos de un desequilibrio en nuestra actitud hacia Dios. Con mucha frecuencia, hemos dado énfasis a nuestra experiencia subjetiva del amor de Dios en Cristo, al costo de desestimar Su revelación objetiva en la Biblia.

Muchos creyentes sinceros están leyendo selectivamente, enfatizando aquellas porciones que confirman y enriquecen su experiencia del amor compasivo de Cristo y prestan menos atención al resto. En términos teológicos, la inmanencia de Dios se enfatiza a expensas de la trascendencia de Él.

En particular estamos en peligro de pasar por alto el poder y la omnipotencia de Dios al enfocarnos en Su humanidad en Jesús, en Su misericordia, mansedumbre y paciencia, y al olvidarnos de Su poder omnipotente, de Su majestad, de Su soberanía, de Su santidad absoluta. Dios nos está hablando directamente a ti y a mí cuando declara:

«Porque Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos Mis caminos…Como son más altos los cielos que la tierra, así son Mis caminos más altos que vuestros caminos, y Mis pensamientos más que vuestros pensamientos» (Isaías 55:8-9).

Si tuviéramos la fe de Abraham, deberíamos recobrar algo de su concepto de Dios. Cuando Dios lo probó al demandarle a Isaac como sacrificio para ser quemado, no contemporizó, ni discutió cómo tal demanda podría ir de acuerdo con la justicia y el amor divinos. Sin duda se lo preguntaba – era humano, también – pero obedeció. Tú no disputas con el Dios de Abraham; obedeces Sus mandamientos.

¿El Dios que se reveló a sí Mismo a Moisés en el fuego y el humo y en el trueno en el Monte Sinaí le da a Su pueblo las Diez Sugerencias? ¿El Dios que respondió a Job desde un torbellino se dedicó a responder las quejas de Job? No. Su respuesta está resumida en una pregunta incontestable: «¿Dónde estabas tú cuando Yo fundaba la tierra?» (Job 38:4). Y Job no tuvo respuesta.

 

Observa bien, sin embargo, que mientras Dios no respondió a las preguntas y argumentos intelectuales de Job, Él sí respondió a la necesidad real del corazón de Job. ¡Cuán maravillosas son las últimas palabras que escuchamos de Job!: «De oídas Te conocía; más ahora mis ojos Te ven. Por tanto, retracto mis palabras, y me arrepiento en polvo y ceniza» (Job 42:5-6).

No vayamos a simplificar mucho creando una falsa distinción entre el carácter del Dios del Antiguo y del Nuevo Testamento. El alcance total del amor de Dios para el hombre no se reveló hasta que Cristo murió para pagar por nuestros pecados y fue levantado de nuevo para llevarnos con Él al cielo y, sin embargo, los patriarcas y los profetas hebreos con frecuencia manifestaron una encendida conciencia del amor divino que a su lado (para vergüenza nuestra) la de nosotros no es sino un débil vislumbre.

Por otra parte, el Nuevo Testamento además testifica de la majestad, de la soberanía y de la santidad de Dios. El capítulo nueve de Romanos, por citar sólo un ejemplo, proclama Su soberanía tan severamente como todo en el Antiguo Testamento:

¿Quién eres tú, oh hombre, que respondes a Dios?  (Romanos 9:20).

Jesús respondió: El más importante es: ``ESCUCHA, ISRAEL; EL SEÑOR NUESTRO DIOS, EL SEÑOR UNO ES; (Marcos 12: 29)

Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. (hebreos 13: 8)

Por otro lado, es verdad que Dios es amor y que Él es bueno, pero Dios también es santo. Es un Dios de misericordia y justicia por igual. Se le describe como un fuego consumidor tanto en el Nuevo Testamento como en el Antiguo.

¿Qué significa esto? Tanto en Deuteronomio 4:24 como en hebreos 12:29 se habla de la santidad, la justicia y el celo de Dios por Su adoración. Leamos:

Porque Jehová tu Dios es fuego consumidor, Dios celoso. (Deuteronomio. 4:24 y hebreos 12:29)

Debemos adorarle con un profundo sentido espiritual de Su santidad y grandeza. Necesitamos gracia para aproximarnos en adoración a Él de manera correcta. La gracia en particular mencionada es el temor, el estupor espiritual y la reverencia. Como queda claro en Deuteronomio 4 y en hebreos 12, esto también incluye un amoroso esmero con respecto a la adoración de Dios. Debemos limitarnos a las formas que Él nos ha asignado para que le adoremos (Deuteronomio 4:2; Levítico 10:1-3; Éxodo 20:5). Tomar en serio hebreos 12:29 significa reconocer que Dios es todavía fuego consumidor y que esto aún requiere de nosotros la misma reverencia y temor. Robert Traill señala que la Biblia dice con frecuencia que la verdadera religión comienza y se resume en el temor de Dios. En este extracto actualizado él expone las implicaciones de hebreos 12:29. En primer lugar, se ocupa de las objeciones comunes a la idea de temer a Dios.

1. ¿Debemos Realmente Temer a Dios?

Hay varias objeciones falsas contra esta gracia preciosa y necesaria. Veámoslas:

(a) ¿No es Dios Pura Misericordia y Bondad?

Lo primero que conduce a miles de personas a la destrucción; es la idea de que Dios es pura misericordia y bondad. Es verdad que Su misericordia y bondad son infinitas; sin embargo, también lo es Su justicia. No nos detendremos a explicar por qué esto es un error ni lo discutiremos más adelante. Basta que el Espíritu Santo declare la impresionante majestad de Dios, en esta expresión figurativa: «Nuestro Dios es fuego consumidor».

(b) ¿No es Ésta Sólo una Idea del Antiguo Testamento?

Algunos piensan que el Nuevo Testamento no exige el temor y pavor de Dios de la manera en que lo hacía el Antiguo Testamento. Ellos hacen un contraste entre la ley y el amor y el castigo y la misericordia. El apóstol corrige claramente este error en hebreos 12:18-29. Compara e identifica las diferencias entre las dos épocas. En el versículo 28 concluye que todo el amor y la misericordia revelados en el evangelio deben producir adoración con temor. Él apoya esto en el versículo 29.

(c) ¿La Salvación no Quita el Temor?

Otros reconocen que Dios sigue siendo santo y justo en Sí mismo. Sin embargo, dicen que cuando somos salvos y estamos en Cristo todo este pavor y temor es quitado. Que la salvación no exige nada más que amor, y deleite y familiaridad. El Espíritu Santo corrige este error al declarar que incluso «nuestro Dios», nuestro Dios del Pacto, es «fuego consumidor». Así como el fuego consumidor es terrible, así también es Dios cuando es descrito de esta manera, debemos tomar en cuenta Su terrible naturaleza y majestad.

(d) ¿No es esto Legalista?

Algunos están dispuestos a objetar que servir a Dios con temor es inconsistente con el privilegio que Su pueblo tiene de acercarse a Él confiadamente. La profunda reverencia del corazón y el santo estupor no son legalistas ni se oponen a la fe y al amor. Servir a Dios de manera aceptable, con reverencia y temor piadoso porque Él es fuego consumidor, no implica un temor incrédulo.

A veces es difícil llenarse de gozo y santo temor a la vez; esto se debe a nuestra propia debilidad. Pero eso no significa que estas dos gracias se opongan entre sí. A veces, en efecto, estamos llamados a ejercitar la reverencia o el amor más que lo otro. Un alma abatida debe meditar más en la misericordia y el amor de Dios para estimularse a sí misma a la fe y al amor. Pero un creyente que ha recaído debe meditar en la santidad y majestad de Dios y en Su odio al pecado, para estimularse al arrepentimiento y regresar a Dios.

2. Dios es Fuego Consumidor por Sí mismo

(a) Hay una distancia infinita entre Él y nosotros, y toda alma que verdaderamente considere esto debe llenarse de temor. Nadie puede ver a Dios y vivir.

(b) Dios es santo en Su naturaleza

Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria (Isaías 6:3)

Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir. (Apocalipsis 4: 8)

Sólo Dios es santo:

¿Quién no te temerá, oh Señor, y glorificará tu nombre? pues solo tú eres santo; por lo cual todas las naciones vendrán y te adorarán, porque tus juicios se han manifestado. (Apocalipsis 15: 4)

 

Él es muy limpio de ojos para ver el mal. ¿Cómo, pues, puede un pecador no temer?

(c) Dios es justo. Él se ha sentado en Su trono para juzgar con justicia

Porque has mantenido mi derecho y mi causa;

Te has sentado en el trono juzgando con justicia. (Salmo 9: 4)

 

Somos quebrantadores de Su ley desde el vientre [de nuestra madre] hasta la tumba. ¡Qué terrible es este atributo de Dios!

(d) Dios es infinitamente fiel e irresistiblemente poderoso en el ejercicio de la justicia. Ninguna criatura puede ni por sutileza ni por fuerza escapar de Su mano.

3. Dios es Fuego Consumidor en Sus Obras

La manera en la que Dios ordena y mantiene a toda la creación, y cómo Él cumple todos Sus propósitos de acuerdo a Sus sabios decretos debería hacernos temblar. El cielo y el infierno son cosas temibles, y deben despertar nuestros corazones a un temor mayor.

Sin embargo, cuánta de Su temible gloria debe ser vista en Su iglesia y ordenanzas. Él es terrible fuera de Sus lugares santos

Temible eres, oh Dios, desde tus santuarios;

El Dios de Israel, él da fuerza y vigor a su pueblo. (Salmo 68: 35)

 

Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo. (Genesis 28: 17)

 

En sus ordenanzas este fuego consumidor se acerca a nosotros y nosotros a Él, aunque con ofrecimientos de misericordia y salvación. Sin embargo, para aquellos que abusan de estos, existe una horrenda expectación de juicio y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. En la oración, le hablamos a Él. ¡Cuánto temor expresan Abraham, Moisés y Jacob en la oración!

4. Dios es Fuego Consumidor en el Pacto

Aun Dios, en pacto con los suyos, debe ser temido.

Si no cuidares de poner por obra todas las palabras de esta ley que están escritas en este libro, temiendo este nombre glorioso y temible: JEHOVÁ TU DIOS. (Deuteronomio 28: 58)

¿Por qué?

(a)  Porque le conocen, y nadie puede conocerle sin temerle. Es natural tener un temor santo cuando Dios se nos revela

Lo temerán por tanto los hombres; Él no estima a ninguno que cree en su propio corazón ser sabio. (Job 37: 24)

 

La falta de temor muestra falta de conocimiento.

(b) Porque Él sigue siendo el mismo Dios. Es verdad que Su justicia satisfecha en Cristo nunca irrumpirá contra ellos para destruirlos. Pueden considerar todos los atributos de Dios (incluso los más aterradores) con consuelo y deleite. Sin embargo, todas esas cosas en Él que producen temor y reverencia están todavía en nuestro Dios del pacto.

(c) Porque todavía hay impiedad en nosotros. Es verdad que hay un cambio en el estado de los creyentes en la justificación y la adopción. Un cambio en su naturaleza ha comenzado a través de la santificación; sin embargo, siguen siendo criaturas. Y todavía hay mucha impiedad en sus corazones y vidas. Todo pecado en sí mismo es igualmente detestable para Dios y contrario a Su naturaleza santa. Los creyentes todavía están bajo Su santa ley y están obligados a obedecerla no como el camino a la vida sino como una norma de vida. Seguirán siendo castigados por su desobediencia.

(d) Porque tenemos experiencia en ser castigados. Así fue con David de manera muy evidente

He aquí, en maldad he sido formado,

Y en pecado me concibió mi madre. (Salmo 51: 5)

 

Los santos temen a la misericordia bondadosa, amorosa, perdonadora y sanadora de Dios:

Después volverán los hijos de Israel, y buscarán a Jehová su Dios, y a David su rey; y temerán a Jehová y a su bondad en el fin de los días. (Oseas 3: 5)

 

Pero en ti hay perdón,

Para que seas reverenciado. (Salmo 130: 4)

 

5. Debemos Servir a Nuestro Dios con Temor

(a) En Nuestras Vidas

Caminar atentamente con Dios, velar por el corazón y por mantener una conversación edificante son sólo teoría para la mayoría de los cristianos. Esto viene de un desconocimiento de Él, ¿con quién debemos relacionarnos? Cuán raramente brilla el poder de la religión en las vidas de los cristianos.

(b) En Nuestra Adoración

Cuando muchos vienen a orar, se precipitan irreverentemente como si vinieran a hablar con alguien como ellos. Cuán raramente se impresionan los corazones de manera profunda con la sensación de la majestad de Aquel a quien se dirigen. Muchos escuchan los sermones como si el propósito fuera evaluar los dones del orador u obtener más conocimiento intelectual. Pocos prestan atención a lo que escuchan. Pocos vienen a recibir un mensaje del Dios viviente, y tiemblan ante la Palabra. Esto se debe a la falta de un apropiado temor de Dios. Muchos vienen a la Mesa del Señor sin la preparación apropiada, y así comen y beben indignamente. No consideran que es uno de los acercamientos más solemnes que el Señor hace hacia nosotros, y que nosotros hacemos hacia Él. Nos prepararíamos de manera muy diferente si temiéramos tomar Su nombre en vano en esa ordenanza.

(c) En Nuestros Corazones

¿Es usted cuidadoso de mantener una comunión constante con Dios? ¿Vive usted como si estuviera ante Sus ojos? ¿Acaso acepta Su ley como su norma en todos

sus caminos? ¿La piedad no es más que ser aparentemente respetable y asistir a la iglesia? Esto es un grave error. ¿Qué hace usted con las convicciones de su conciencia? ¿Las aplaca o las considera? ¿A qué le dedica sus afectos a lo largo del día? ¿Qué es lo primero que piensa por la mañana y lo último por la noche? ¿Es acaso en Dios? ¿Cómo puede el temor de Dios estar en nosotros?

Conclusión

Debemos procurar conocer más a Dios y sus atributos y tener una visión más profunda de Su majestad, soberanía y justicia. Necesitamos tener la seguridad de su santidad y su amor juntos sin perder ninguno de los dos.

Meditemos más en Él y oremos para que nos manifieste más de Su gloria. Esto ayudará a despertar ese santo temor y reverencia dentro de nosotros.

Redactado por Cesar Angel

Bibliografía:

Publicaciones el pacto

Jeff Treder (Las fulltimers)

 

 

 

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