Doctrinas de la Gracia

26 dic 2018

Fe y obras. Se contradicen Pablo y Santiago?


Santiago 2: 14-26

¿De qué sirve, hermanos míos, si alguno dice que tiene fe, pero no tiene obras? ¿Acaso puede esa fe salvarle? Si un hermano o una hermana no tienen ropa y carecen del sustento diario, y uno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais lo necesario para su cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe por sí misma, si no tiene obras, está muerta. Pero alguno dirá: Tú tienes fe y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin las obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno. Haces bien; también los demonios creen, y tiemblan. Pero, ¿estás dispuesto a admitir, oh hombre vano, que la fe sin obras es estéril? ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre cuando ofreció a Isaac su hijo sobre el altar? Ya ves que la fe actuaba juntamente con sus obras, y como resultado de las obras, la fe fue perfeccionada; y se cumplió la Escritura que dice: Y Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios. Vosotros veis que el hombre es justificado por las obras y no sólo por la fe. Y de la misma manera, ¿no fue la ramera Rahab también justificada por las obras cuando recibió a los mensajeros y los envió por otro camino? Porque así como el cuerpo sin el espíritu está muerto, así también la fe sin las obras está muerta.

Romanos 3:27-4: 5

¿Dónde está, pues, la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿La de las obras? No, sino por la ley de la fe. Porque concluimos que el hombre es justificado por la fe aparte de las obras de la ley. ¿O es Dios el Dios de los judíos solamente? ¿No es también el Dios de los gentiles? Sí, también de los gentiles, porque en verdad Dios es uno, el cual justificará en virtud de la fe a los circuncisos y por medio de la fe a los incircuncisos. ¿Anulamos entonces la ley por medio de la fe? ¡De ningún modo! Al contrario, confirmamos la ley. ¿Qué diremos, entonces, que halló Abraham, nuestro padre según la carne? Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué jactarse, pero no para con Dios. Porque ¿qué dice la Escritura? Y creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia. Ahora bien, al que trabaja, el salario no se le cuenta como favor, sino como deuda; mas al que no trabaja, pero cree en aquel que justifica al impío, su fe se le cuenta por justicia"

LA PALABRA DE DIOS NO SE CONTRADICE A SÍ MISMA

Nosotros creemos que la Biblia está inspirada por Dios (2 Timoteo 3: 16). Es la mismísima palabra de Dios, escrita. Por tanto, creemos que la Biblia es verdadera y coherente, no nos enseña cosas que sean falsas, no se contradice a sí misma. Creemos esto porque el propio Jesucristo se ha hecho real para nosotros y ha demostrado ser el fidedigno Hijo de Dios. Él nos ha enseñado que las Escrituras no pueden ser quebrantadas (Juan 19: 35). Él nombró apóstoles para que enseñaran a la iglesia, y prometió guiarlos a toda la verdad (Juan 16: 13). Él nos ha dado su Espíritu para que sean abiertos nuestros ojos y veamos la realidad por lo que es (1 Corintios 2: 14-15). Así, nosotros hemos venido a recibir su Palabra como la mismísima Palabra de Dios (1 Tesalonicenses 2: 13), libre de error y contradicción, porque Dios es verdadero y no un Dios de confusión.

LA AMBIGÜEDAD DE LAS PALABRAS

Pero esto no quiere decir,  que no existan doctrinas difíciles en la Biblia, que generan dudas o controversias y, que nos hacen creer que las Escrituras contienen pasajes que pareciera que se contradijeran. Somos finitos. Somos pecadores. Somos culturalmente prejuiciosos. Y el lenguaje, en sí, puede confundirnos cuando diferentes palabras llevan el mismo significado, y cuando las mismas palabras llevan diferentes significados. Tomen la sencilla palabra inglesa “rock” Puede significar una piedra, o un estilo de música, o algo que tú haces en un sillón (mecerse), o el nombre de un hombre. O tomen la palabra Griega zelos que puede ser “celoso” en un mal sentido, o “celo” con un buen sentido. Así que si alguien te dice, “Yo pienso que debemos luchar por vencer todo el zelos en nuestras vidas,” antes de estar de acuerdo o en desacuerdo, ¿Qué debieras preguntarle? Deberías pedirle que definiera el término zelos. O considera a un inglés diciendo, “juguemos football ésta tarde,” a lo que respondes, “No, me gustaría jugar soccer”. Que pérdida de tiempo pasar la tarde discutiendo acerca de que deberían jugar, cuando las palabras “football” para un inglés, y “soccer” para un americano significan lo mismo.

De modo que, la misma palabra puede tener diferentes significados. Y palabras diferentes, pueden tener el mismo significado. Esto es cierto en la Biblia, tanto como en otros libros y conversaciones. Jonathan Edwards llegó al final de uno de sus boletines diarios después de argumentar que la frase “deber moral” era una redundancia, ya que “todo deber, absolutamente, es un deber moral”. Y la última oración es un suspiro de resignación hacia el mundo de las palabras: “¡Oh, en que gran medida está siendo el mundo oscurecido, nublado, distraído, despedazado, por esos mortales enemigos de la clase humana llamados Palabras!” (Miscelánea # 4). Por supuesto, eso es una exageración, y si bien en ocasiones las palabras son irritantes, también son un precioso medio de comunicación.

Pero en ocasiones, cuando tratamos de resolver problemas en la Biblia nos sentimos como Edwards. La inspiración de la palabra de Dios es como la encarnación del Hijo de Dios. Cuando el Hijo de Dios se volvió un ser humano, se volvió vulnerable al abuso y a la muerte. Cuando la palabra de Dios se convirtió en lenguaje humano, se volvió vulnerable a la ambigüedad y al malentendimiento.

UNA CONTRADICCIÓN APARENTE ENTRE PABLO Y SANTIAGO

Toda esa introducción es simplemente para preparar el terreno a la aparente contradicción existente entre Pablo y Santiago sobre la doctrina de la justificación por fe.

La semana pasada expuse los argumentos de Romanos 4:1-5 para la verdad de que somos justificados sólo por fe, y no por obras. Ya lo puedes ver, por ejemplo, en Romanos 3:28: “concluimos que el hombre es justificado por la fe aparte de las obras de la ley”; y más específicamente en Romanos 4: 5: “más al que no trabaja, pero cree en aquel que justifica al impío, su fe se le cuenta por justicia”. De modo que el veredicto de Dios de no culpable y la imputación de su propia justicia a nosotros, en Cristo Jesús, en el comienzo de nuestra vida cristiana, es sólo por fe, sin nada más que nos recomiende a Dios. Confiamos en su gracia gratuita para que nos perdone y nos absuelva, y nos considere como justos debido a la obra de Cristo. Así es como comenzamos en la vida cristiana -justificados sólo por fe.

Ahora, ustedes han escuchado los versículos de Santiago que parecen contradecir esto. Veámoslo de nuevo. Santiago 2: 21, “¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre cuando ofreció a Isaac su hijo sobre el altar?”. Y Santiago 2: 24, “Vosotros veis que el hombre es justificado por las obras y no sólo por la fe”. De modo que pueden ver que Santiago no solo dice que una persona es justificada por las obras, sino que también niega que la justificación sea sólo mediante la fe. Al menos utiliza palabras que, enfrentándolas aisladas, parecen significar algo muy diferente a lo que dice Pablo.

¿REFUTA SANTIAGO A PABLO, O A UN ABUSO DE LA ENSEÑANZA DE PABLO?

Entonces la pregunta clave aquí es: ¿Es el propósito de Santiago refutar la doctrina de Pablo de que la justificación es sólo por fe, lo que significaría que hay una contradicción masiva en la Biblia? ¿O es el propósito de Santiago refutar un abuso de la enseñanza de Pablo y enviar un correctivo a las iglesias a las que estaba escribiendo? Quiero tratar de mostrarles que aquí Santiago no está contradiciendo a Pablo, sino enseñando algo compatible con la enseñanza de Pablo y corrigiendo un mal uso de la enseñanza de Pablo.

Pablo estaba bien consiente de que su enseñanza de que la justificación es sólo por fe estaba siendo tergiversada y mal utilizada por aquellos que decían, “Bien, si mientras todavía somos impíos somos justificados sólo por fe, y esto magnifica la gracia de Dios, entonces sigamos pecando, porque de todas formas somos salvos y la gracia de Dios obtendrá más gloria”. Esto lo pueden ver, por ejemplo, en Romanos 3: 8: “¿Y por qué no decir (como se nos calumnia, y como algunos afirman que nosotros decimos): Hagamos el mal para que venga el bien?” Así que Pablo sabe que está siendo calumniado: ‘Pablo enseña que mientras más mal haces más bien viene de Dios, porque la gracia de Dios se glorifica al justificar al impío’.

O consideren Romanos 5: 20. Pablo dice: “la ley se introdujo para que abundara la transgresión, pero donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia”. Pablo sabe que algunos están diciendo, ‘Bien, si la gracia abunda donde se incrementa el pecado, ¿Qué diremos?’ Romanos 6: 1, “¿Qué diremos, entonces? ¿Continuaremos en pecado para que la gracia abunde?” Eso es lo que estaban diciendo, “¿Continuaremos en pecado para que la gracia abunde?”.

Ahora bien, Pablo tiene respuestas a esta clase de tergiversación y abuso superficial de su enseñanza. Implícitamente tiene respuestas en todas sus cartas para demostrar como las buenas obras y el amor, necesariamente fluyen de la verdadera fe justificadora. Por ejemplo, en Gálatas 5: 13 Pablo dice: “Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; sólo que no uséis la libertad como pretexto para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros”. De modo que somos asombrosamente liberados de los mandamientos de Dios como una vía de justificación. Pero entonces ¿Sitúa Pablo a las obras del amor en la cima de esa libertad, como un nivel de deber legal? Tienes un buen comienzo a través de la justificación que es sólo por fe. ¿Pero existe ahora otra vía, aparte de la fe, para hacer lo que se debe hacer y convertirse en una persona amorosa?

LA FE OBRA POR MEDIO DEL AMOR

No. Examinen Gálatas 5: 6, un texto crucial para ver a Pablo y a Santiago en armonía el uno con el otro. “Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión ni la incircuncisión significan nada, sino la fe que obra por amor”. Y cuando Pablo trató con el abuso de su doctrina de que la justificación es sólo por fe, dijo: No son las obras adicionales, como la circuncisión, las que ganarán el favor de Dios. ¿Entonces qué? Es la “fe que obra por el amor”. Noten muy cuidadosamente lo que dice. ¿Qué cuenta para Dios? La “fe”. ¿Pero cuál fe? La “fe que obra por el amor”. No dice que lo que cuenta para Dios es la “fe”, más el nivel de obras de amor adicionales a la fe. Pablo dice que lo que cuenta para Dios es la clase de fe que por su naturaleza produce amor. Pero es la fe la que nos da nuestra buena posición ante Dios. El amor que viene de ella, sólo muestra que la misma es, de hecho, una fe justificadora, real, y viva.
Ahora bien, eso es, a mi entender, lo que Santiago estaba intentando hacer llegar a sus iglesias. La fe sin amor es absolutamente inútil; y cualquiera que venga y diga ‘Nosotros somos justificados sólo por fe; por tanto, no hace falta ser una persona amorosa para ir al cielo’, no está diciendo la verdad.

Veamos como Santiago corrige esta tergiversación de la enseñanza de Pablo. Es aquí donde tienen que tener cuidado con las palabras -¿Qué quiere decir Santiago con las palabras que usa? Aun cuando sus palabras pueden parecer estar en conflicto con Pablo, ¿es esa su intención?

La preocupación de Santiago tiene que ver con una clase de fe falsa que no produce amor. Esta fe no puede justificar a nadie. Versículo 14: “¿De qué sirve, hermanos míos, si alguno dice que tiene fe, pero no tiene obras? ¿Acaso puede esa fe salvarle?”. Allí pueden ver cuál es su preocupación. ¿Podría esa fe salvarte? Una fe así no va a salvar. ¿En qué clase de obras está interesado Santiago? En la misma que Pablo -las obras de amor. Versículos 15-16: “Si un hermano o una hermana no tienen ropa y carecen del sustento diario, y uno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais lo necesario para su cuerpo, ¿de qué sirve?”. Entonces lo que preocupa a Santiago es que las personas tengan una verdadera fe salvadora, no una fe falsa. Y la diferencia es que la fe verdadera produce un comportamiento amoroso.

Él tiene tres formas de describir está falsa fe. Primera en el versículo 17, dice que es muerta: “Así también la fe por sí misma, si no tiene obras, está muerta”. Es una fe muerta. Si la fe no obra por “el amor” como Pablo dijo, está muerta. Segunda forma, en el versículo 19 dice: “Tú crees que Dios es uno. Haces bien; también los demonios creen, y tiemblan”. Existe una fe que hasta los demonios tienen, específicamente, la creencia en la doctrina correcta. La fe que justifica y obra por el amor no es simplemente creer en las doctrinas correctas como “Dios es uno”. Los demonios pueden ser ortodoxos a nivel intelectual. Ellos creen. Pero ello no les salva. Entonces hay una fe muerta y una fe de los demonios. Tercera, dice en el versículo 20: “Pero, ¿estás dispuesto a admitir, oh hombre vano, que la fe sin obras es estéril [literalmente, muerta]?”. Así que existe una fe que es inútil, inactiva, inefectiva, vana, y vacía.

Entonces tenemos tres formas, en este pasaje, en las que Santiago habla acerca de la fe para demostrar que la fe que él dice que no puede justificar, es una fe con la que Pablo está totalmente de acuerdo que no puede justificar –la fe muerta, la fe de los demonios, y la fe inútil- la fe que no tiene vida vital que obra por el amor.

ABRAHAM COMO EJEMPLO PARA AMBOS, PABLO Y SANTIAGO

Ahora bien, “¿Cómo expone Santiago sus argumentos a partir de la vida de Abraham –que fue lo mismo que vimos hacer a Pablo en Romanos 4? Bien, lo hace así: toma dos sucesos en la vida de Abraham. El primero, (en Santiago 2: 22) es de Génesis 15: 6 Dios le promete a Abraham un gran ejército de descendientes aunque su esposa está estéril. El versículo 23 cita la fe de Abraham según Génesis 15: 6: “Y Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia”. Eso es exactamente lo que Pablo hace con ese suceso y con ese versículo (Romanos 4: 3). Una cosa es contada por justicia: la fe. Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia.

La fe, no las obras, le fue contada por justicia.

Pero luego Santiago se percata de que en Génesis 22: 1 “Dios probó a Abraham”, mandándole a que ofreciera a su hijo Isaac en holocausto. ¿Qué estaba probando Dios? Él estaba probando su fe. ¿Qué estaba buscando?, estaba buscando una clase de obediencia, u obras que mostrasen que la fe de Abraham no era una fe muerta, o como la de los demonios, o inútil. Así que el tema en Santiago 2: 21 (donde Abraham ofrece a Isaac) no es el primer acto de justificación que pone a Abraham a bien delante de Dios. El tema es la prueba: ¿Era la fe de Abraham la clase de fe viva que produce “obediencia a la fe” o la clase muerta que no causa efecto alguno en la vida?

LA “JUSTIFICACIÓN POR OBRAS” DEFINIDA POR PABLO Y POR SANTIAGO

Así que cuando Santiago dice en el versículo 21 que Abraham fue “justificado por las obras”, tiene en mente un significado que difiere al de Pablo, cuando Pablo niega que el hombre sea justificado por obras (Romanos 3: 28; 4: 2; 4: 5). Santiago está respondiendo la pregunta: ¿El reconocimiento en curso, y final, de la justicia de Abraham depende de las obras como la evidencia necesaria de una fe verdadera y viva? La respuesta de Santiago a esa pregunta es: sí. Y la respuesta de Pablo también es sí, en Gálatas 5: 6 (lo único que cuenta es “la fe que obra por el amor”). Si le preguntas a Santiago y a Pablo, “¿Cómo un impío se pone a bien para con Dios y recibe la justicia de Dios, que es en Cristo, como un regalo?” Ambos, Santiago y Pablo, responderían con las palabras de Santiago 2:23: ‘Cree en Dios (cree en Cristo) y esa fe le será contada por justicia’.

Pero si les preguntas, “¿La justificación, como una buena posición, en curso y final, ante Dios, depende de las obras del amor?” Pablo va a decir, ‘No, si por obras te refieres a actos hechos para mostrar que merece la bendición permanente de Dios (El punto de Romanos 4:4)’. Y Santiago va a decir, ‘Sí, si por obras te refieres al fruto y a la evidencia de la fe, como la obediencia de Abraham en el monte de la tierra de Moriah’. Y Pablo va a decir, ‘Yo estoy de acuerdo con Santiago, basándome en sus definiciones’, Y Santiago va a decir, ‘Yo estoy de acuerdo con Pablo, basándome en sus definiciones’.

Así que cuando Pablo renuncia a la “justificación por obras” renuncia a la opinión de que cualquier cosa que hagamos junto con la fe nos es contada por justicia. Solamente la fe obtiene el veredicto, inocente, cuando nos convertimos en cristianos. No son aceptadas obras de ninguna clase en el momento de la justificación inicial. Pero cuando Santiago afirma “justificación por obras”, quiere decir que las obras son absolutamente necesarias en la vida en curso de un cristiano, para confirmar y probar la veracidad de la fe que justifica.

Para Pablo, “justificación por obras” (que rechaza) significa ‘ganar una buena posición ante Dios mediante los méritos de las obras’. Para Santiago, “justificación por obras” (que acepta) significa ‘mantener una buena posición ante Dios, sólo por fe, con la necesaria evidencia de la fe; es decir, las obras de amor’.

Para expresarlo aun de otra manera: Cuando Pablo enseña en romanos 4:5 que somos justificados sólo por fe, quiere decir que lo único que nos une a Cristo por justicia es la dependencia en Cristo. Cuando Santiago dice en Santiago 2: 24 que no somos justificados sólo por fe él se refiere a que la fe que justifica no permanece sola. Estas dos posiciones no son contradictorias. Sólo la fe nos une a Cristo por justicia, y la fe nos une a Cristo por justicia no permanece sola, lleva el fruto del amor, debe hacerlo así o es una fe muerta, como la del demonio, inútil; y no justifica.

La gloria de Cristo en el evangelio no es solo que somos justificados cuando dependemos enteramente de Cristo, sino también que depender enteramente de Cristo es el poder que nos hace personas nuevas y amorosas. Dependiendo enteramente de Cristo es como somos justificados y santificados. Pablo dio una nota. Y Santiago dio la otra. Ambas son verdaderas, y juntas traen a Cristo la debida gloria a su nombre.


 una nota. Y Santiago dio la otra. Ambas son verdaderas, y juntas traen a Cristo la debida gloria a su nombre.

Autor: John Piper
Fuente: Desiring God

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