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Sermón del monte frente al marxismo



Muchos mensajes incendiarios han afectado este mundo. El célebre «Manifiesto Comunista» de Karl Marx fue uno de ellos. Encendió a Rusia y produjo el régimen más temido del siglo veinte. Los incendiarios discursos de Adolfo Hitler en el Reichstag fue otro. Estos terminaron precipitando al mundo entero hacia la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, otro ha escrito una carta incendiaria, es Dios, sólo que la carta de Él no es de fuego destructivo. No hace daño. No provoca dolor. No produce llanto. No hiere. La carta de Dios es una carta de amor, de esperanza, de libertad, de salvación. Se llama «el Sermón del Monte», y produce armonía y tranquilidad.

El Sermón del monte lo hallamos en la Biblia. La biblia es un mensaje del amor de Dios. Este sermón, contiene en su interior, un mensaje de perdón, de reconciliación y de liberación. Un mensaje que si es bien comprendido, enciende los fuegos santos de la fe, del amor, de la justicia y de la rectitud. La Biblia transmite un mensaje de Dios, quien realiza su designio de salvación en persona del Mesías.

Es en la biblia que hallamos el mensaje de esperanza para el hombre que dice «que tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna» (Juan 3:16).

Pero es en el Sermón del Monte que hallamos las bienaventuranzas, frases que no se encuentran en la mente de Marx ni por sueño.

Si todos viviésemos con las normas del sermón del monte, creo que el mundo sería mucho más justo y no habría tantos problemas como estamos viviendo”, dijo una persona atea una vez.

La frase clásica sobre la crítica de la religión en Carlos Marx es una que figura en su escrito CONTRIBUCIÓN A LA CRÍTICA DE LA FILOSOFÍA DEL DERECHO DE HEGEL, de finales de 1843 y enero de 1844. Dice Marx: “La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, así como es el espíritu carente de espíritu. Es el opio del pueblo”.

Juan Monroy (escritor marroquí asentado en Madrid, protestante)  comenta que posiblemente “Marx tuviera razón cuando enjuiciaba un determinado comportamiento religioso. Pero esa religión nada tiene que ver con el Cristianismo de Cristo.”

Al leer los cuatro Evangelios concluimos fácilmente que Jesús de Nazaret se anticipó dos mil años a Carlos Marx en la crítica a la religión y lo hizo con muchísimo más carácter y autoridad. A tal punto que uno se queda asombrado del celo que el Señor tenía por la fe verdadera y su antagonismo contra la hipocresía del sistema religioso dominante.

Bastan unos textos de muestra:

“Más ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando” (Mateo 23:13).

“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, más por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia” (Mateo 23:27).

“Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: ¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?” (Mateo 3:7).

En un arranque de indignación, Jesús tomó un látigo y la emprendió a latigazos contra quienes hacían de la religión una mercadería vergonzosa. “Carlos Marx no llegó a tanto”, concluye Monroy.

Para Carlos Marx la revolución proletaria tenía que realizarse en el país que en ese entonces había alcanzado el mayor desarrollo industrial y el proletariado más numeroso. En este punto la proyectada revolución se estrelló contra la concepción religiosa del mundo. Cuando la clase obrera cree en la vida mejor en el cielo y confía en un Dios que mitiga la violencia, no puede haber revolución. El que cree en una vida más allá de la tumba no se arriesgará a perder la eternidad aventurándose en esta guerra por la felicidad en esta vida efímera, especialmente si la victoria es incierta. El que cree que Dios castiga al homicida, jamás levantará la mano contra el explotador: dejará la venganza y la liberación de su miseria en manos de Dios, sea que éstas se hagan efectivas ahora o en la eternidad. Para los creadores del marxismo-leninismo la religión era un obstáculo en el camino de la revolución y esto llevó a los maestros marxistas a luchar contra el idealismo en general y el cristianismo en particular.

El problema principal era que para persuadir a un hombre a empuñar las armas en protesta contra «el sistema cruel e injusto», era necesario que aquél llegara a dos estados psicológicos.

1. En primer lugar tenía que convertirse en un hombre desesperado, un hombre sin esperanza en una vida de ultratumba, para quien la vida presente se constituyera en la única oportunidad.

2. En segundo lugar tenía que convertirse en un hombre inescrupuloso que no creyera en un Dios que pudiera castigarlo (o recompensarlo) y que, consecuentemente, no tuviera problemas de conciencia al encarar la posibilidad de usar la violencia armada contra quienes detentaban el poder material.

Los marxistas-leninistas creían que sólo el ateísmo podría producir tal hombre. En general, estaban convencidos de que cierta ideología produciría en el hombre un carácter determinado, y esta convicción fundamental y de vital importancia sería significativa para el futuro del socialismo.

Su error craso, originado de su condición de ateos, fue el no considerar el daño que la naturaleza pecaminosa del hombre haría a su utópico sistema político. El pecado acabó con las intenciones del socialismo de convertirse en el remplazo ideal del cristianismo.

Posteriormente, en los años 60’s y 70’s, apareció la teología de la liberación en el catolicismo, fue un movimiento que se diluyó en los 80’s y desapareció en los 90’s. Fue como una especie de socialismo cristiano, y su consigna era una opción preferencial por los pobres”  paralela a la consigna de “amor y paz”, aquella filosofía de los hippies de los 70’s que se oponían a la guerra de Vietnam. Produjo sacerdotes irreverentes que cantaban canciones protesta en sus misas y que tenían el Sermón del monte como su credo teológico, pero de una forma idealista. Detrás de este mensaje del reino, había toda una ideología que utilizaba los evangelios para darle un matiz teológico a sus ideas subversivas. Lejos estaba imaginarse que detrás de muchos de estos nobles conceptos cristológicos, se escondía una hábil re-definición de los vocablos del sermón del monte por parte de los ideólogos de la teología de la Liberación. Por ejemplo: “ama a tus enemigos” reemplazado por “ora por tus enemigos”. Todo porque el cumplimiento de la ética del Sermón del monte, estaba muy lejos del accionar de los curas revolucionarios.  

Cesar Ángel. Julio 16 de 2016

Bibliografía: Guillermo McGrath "El Sermón del monte"


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