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Seguir a Cristo. Que significa realmente

Versículo a estudiar: “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mateo 16: 24; Marcos 8: 34; Lucas 9: 23).

La humanidad en general tiene idea de que ser cristiano es “Seguir a Jesucristo”. Hasta los inconversos lo saben. A lo largo de 2000 años todo predicador, evangelista o pastor ha compartido el evangelio diciendo “Sigue a Cristo”. Sin embargo, la gran mayoría de las personas no saben realmente que significa, o como se sigue a Jesús. Inclusive existen personas que después de muchos años en una congregación, aun no lo han entendido o alcanzan una idea cercana pero no clara.

¿Seguir a Cristo tendrá que ver con congregarse en una mega-iglesia en medio de cinco mil personas, escuchar música cristiana o asistir al concierto del salmista famoso? ¿diezmar y ofrendar por prosperidad financiera y sanidad, ir al encuentro, a la célula y “crecer” en el evangelio para llegar a ser líder de tu congregación? ¿ir a la jornada de milagros, a la vigila y la guerra espiritual, asistir al congreso apostólico y recibir la “unción” del “profeta” invitado? ¿Declarar, decretar, atar y expulsar demonios? ¿Usar versículos cliché como “somos más que vencedores” y “todo lo puedo en Cristo que me fortalece” y llevarlos en el vehículo, la camiseta, etc.?

¿Seguir a Cristo es escuchar sus “nuevas revelaciones” al oído o por sueños? ¿O quitarle su condición de Dios y encarnarlo en un ángel? ¿O ignorar su sacrificio en la cruz y su evangelio y volver a la leyes moral y ceremonial de Moisés, usando la Torá como norma y el Kipá y el Talit como atuendo?
¿Será que seguir a Cristo se relaciona con convertirse en un erudito teólogo, experto en las doctrinas de la gracia, la soberanía de Dios, escatología, soteriología, pneumatología, bibliología, etc., pero que limita su ministerio a la enseñanza de sus conocimientos y no practica el amor al prójimo, la caridad cristiana y la entrega a los demás? ¿O peor, aquellos teólogos a los que su arrogancia y altivez les impiden compartir con humildad sus conocimientos con sus hermanos?

¿QUE SIGNIFICA REALMENTE SEGUIR A CRISTO?

Para seguir a Cristo, debe obligatoriamente que haber un llamado de Cristo.

Veamos primero lo que NO es un llamado de Jesús.

Dentro de las muchas estrategias de evangelización que utilizan hoy día para ganar adeptos, se encuentra el uso del versículo Apocalipsis 3: 20 “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”. El llamamiento genuino no es Jesús tocando una puerta y, como un caballero, esperando que el inconverso la abra, como proclaman desde muchos pulpitos en una clara tergiversación de este pasaje, pues en realidad la exegesis de este texto bíblico nos muestra una clara reprensión a la iglesia de Laodicea en desobediencia.

¿Qué características tiene el verdadero llamado de Jesús? Lo que Jesús manifiesta en Juan 10: 27 “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen”, se cumple porque estas ovejas provienen del Padre: (Juan 6: 37 “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera”). Sin embargo, este llamado lo escuchan aun muchos que a la postre no serán salvos (Mateo 20: 16 “Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos”) La parábola del sembrador (Mateo 13: 1-23) nos enseña que muchos oyen la palabra, pero solo los elegidos la entienden (Mateo 13: 23 “Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto”).

En el llamamiento genuino hay una elección previa, hecha por el Padre. Hay un nuevo nacimiento a través del Espíritu Santo, hay un llamado de Jesús a través de la palabra que lleva al regenerado, de manera irresistible, a la conversión (fe y arrepentimiento), (“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” Romanos 10: 17). Es aquí donde se sigue a Jesús. Movido por la fe, el creyente manifiesta un cambio (arrepentimiento) que lo justifica ante Dios y le da un nuevo corazón blando (Ezequiel 11: 19 “Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne”). Esta nueva condición le permite al santo dar fruto (Gálatas 5: 22 “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”). Le permite negarse a sí mismo y tomar su cruz cada día, que es la manera correcta en que glorificamos a Dios.
Romanos 8: 29-33 “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. 30 Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó. 31 ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? 32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? 33 ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica”.

Y estas características las encontramos en Mateo 16: 24 “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”, nuestro versículo base, el cual constituye el verdadero llamado de Jesús.

Y si hay un llamado de Jesús debe haber un motivo. ¿A que nos llama Cristo?

¿Nos llama Cristo a la prosperidad financiera y la acumulación de riqueza? a la sanidad física? a ser “apóstoles” o “profetas”? ¿Nos invita Jesús a seguirlo para solucionar todos nuestros problemas terrenales? ¿Nos llama Cristo para satisfacer todas nuestras peticiones sin excepción? ¿El llamado del Maestro es para que nos ensimismemos en la teología y no demos fruto?, ¿para qué enseñemos, pero no pastoreemos?

CRISTO NOS LLAMA A GLORIFICAR AL PADRE, VIVIENDO EN ESPIRITU Y DANDO LA VIDA POR EL HIJO.

¿Cómo lo hacemos?

NEGARSE A SÍ MISMO. Dios mismo es Espíritu. Su voluntad y plan para sus santos se desarrolla en el plano Espiritual. Su Espíritu mora en el creyente para santidad. Cuando nos negamos a nosotros mismos, le negamos a la carne sus apetitos, sus deseos y a cambio crece y se desarrolla nuestra Espiritualidad, nuestra comunión con Dios. Nuestro Padre nos hace sus hijos en su Espíritu, no se mueve en hombres carnales.

¿Que nos dicen las escrituras sobre lo que significa vivir en Espíritu?

Veamos el siguiente pasaje bíblico en el que andar en Espíritu nos aleja de los anhelos de la carne:

Gálatas 5: 16-26 Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. 17 Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. 18 Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. 19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, 20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, 21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. 22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. 24 Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. 25 Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. 26 No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros”.

Y este otro en el que vivir en Espíritu nos permite acceder a la revelación de Dios:

1 Corintios 2: 6-16 “Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen. 7 Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, 8 la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria. 9 Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman.  10 Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. 11 Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. 12 Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, 13 lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. 14 Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. 15 En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. 16 Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo”.

Viviendo por el Espíritu nos negamos a nosotros mismos y nos damos a los demás, entregando al prójimo lo que deseamos para nosotros.

Mateo 22: 39 (Lucas 10: 27) “Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” es complementario con Mateo 16:24 “…Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”.

Pareciera que Jesús en el primero nos mandara a amarnos mucho y en el segundo no.

Sin embargo, no es así. El primer versículo ha sido mal interpretado. Cuando Jesús dijo “amaras a tu prójimo como a ti mismo”, lo hizo respondiendo a una pregunta de uno de los fariseos, interprete de la ley. No se refería a que nos amaramos mucho a nosotros mismos. Como lo están enseñando muchos pastores en sus púlpitos, sobre todo los que predican “evangelios de prosperidad”; Lo que quiso decirles en realidad fue: Así como Uds. se aman tanto a sí mismos, de igual manera deberían amar a su prójimo. O sea: niégate el amor a ti mismo y entrégaselo a tu prójimo. Que viene siendo igual al segundo versículo. Contrario a lo que el Pseudocristianismo humanista de hoy predica: “amate a ti mismo y síguete”.

TOMAR TU CRUZ. La idea de muchos es que tomar la cruz de Cristo es aceptar con resignación un mal matrimonio, un hijo por largo tiempo drogadicto, una enfermedad, etc. Pero esta es una concepción equivocada, aunque hay que aclarar que la resignación demostrada en estos casos, en muchas ocasiones es manifestación del fruto del Espíritu Santo en los nacidos de nuevo. Sin embargo, no es esto exactamente “tomar la cruz” de Cristo. En tiempos de la primera venida de Cristo, los Romanos acostumbraban crucificar a los condenados a muerte por diversos delitos, obligándolos a llevar la cruz en la que habrían de ser colocados, hasta el lugar de la ejecución, lo que representaba ser humillados y vilipendiados por el pueblo. Cuando Jesús dijo a sus discípulos “…tome su cruz y sígame” quiso decir “sígueme si estás dispuesto a darlo todo por mí, incluso la vida, si estas en condición, por mi causa de soportar vilipendios, humillaciones y ser aborrecidos”.

Mateo 10: 37-39 El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; 38 y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. 39 El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará”.

Lucas 14: 26 “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo”.
Mateo 10: 22 Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo”.

Conclusión: Negarse a sí mismo, tomar la cruz y seguir a Cristo, significa:

MORIR A NUESTRO YO, VIVIR EN ESPÍRITU Y ESTAR DISPUESTOS A SUFRIR POR JESÚS Y A DAR LA VIDA POR ÉL.

Autor: César Ángel
3 de noviembre de 2015

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